Por qué Muchas Mujeres se Sienten Incómodas en las Fotografías

(Y probablemente no tiene que ver con su cuerpo)

Por Jorge Javier Peña

Solemos ver a muchas mujeres incómodas en las fotografías. Y rara vez tiene que ver con su apariencia.

En la historia de la humanidad se tomaron tantas fotografías. Y nunca tanta gente se sintió tan incómoda con su propia imagen.

Es una contradicción curiosa.

Vivimos rodeados de cámaras, selfies, filtros, retratos, videollamadas y pantallas que nos devuelven nuestro rostro varias veces al día. Sin embargo, basta que alguien levante una cámara y diga «sonríe» para que aparezca una vieja sensación conocida.

Incomodidad. Tensión. La sospecha de que algo no va a salir bien.

Muchas mujeres dicen que no son fotogénicas. Curiosamente, nadie dice que no es espejogénico.

Nadie sale corriendo del baño después de verse en el espejo gritando:

«¡Dios mío! ¡He vuelto a aparecer en mi propia cara!»

Pero una fotografía sí tiene la capacidad de provocar una pequeña crisis existencial de bolsillo.

Y eso debería hacernos sospechar que el problema quizá no sea la cara.

La mayoría de las veces tampoco es el cuerpo. Lo que suele aparecer es algo mucho más profundo.

Una diferencia entre la forma en que nos vemos y la forma en que creemos que los demás nos ven.

Con los años descubrí algo curioso fotografiando personas. La mayoría había aprendido a posar.

Muy pocas habían aprendido simplemente a estar presentes. Y la cámara percibe esa diferencia de inmediato.

Porque una fotografía tiene una costumbre bastante desagradable. Interrumpe la historia que llevamos años contándonos sobre nosotros mismos.

Nos obliga a ver una versión que no controlamos. No elegimos el ángulo. No escogimos el momento. No administramos la iluminación.

No tuvimos tiempo de acomodar la sonrisa número tres, esa que reservamos para ocasiones especiales.

Y de pronto aparece una persona en la imagen que se parece muchísimo a nosotros, pero que no coincide exactamente con la versión que habíamos imaginado.

Entonces llega la frase.

«No soy fotogénica.»

Es una de las frases más repetidas en la historia de la fotografía.

Y también una de las más injustas. Porque muchas veces no significa: «No salgo bien en las fotos.»

Lo que realmente significa es: «La fotografía no coincide con la idea que tengo de mí misma.»

Y esas son dos cosas completamente diferentes.

Después de años trabajando con retratos y fotografía boudoir, terminé entendiendo algo que al principio no veía. Muchas mujeres incómodas en las fotografías descubren que el problema rara vez es la cámara.

Mujeres incómodas en las fotografías: retrato que representa vulnerabilidad, identidad y autopercepción.
La incomodidad frente a una fotografía rara vez tiene que ver con la belleza. Más a menudo tiene que ver con cómo creemos que estamos siendo vistos.

Cuando una fotografía no coincide con la imagen que tenemos de nosotros mismos

La incomodidad rara vez nace de la apariencia. Suele nacer de la vulnerabilidad. De la sensación de estar siendo observados. De ese instante en el que dejamos de controlar la imagen y sentimos que otros podrían ver algo que preferiríamos mantener bajo llave.

Por eso tantas personas se sienten incómodas frente a una cámara incluso cuando objetivamente no hay nada malo en la fotografía.

La vulnerabilidad no aparece cuando alguien toma una fotografía. La vulnerabilidad ya estaba allí. La fotografía simplemente la hace visible.

Vivimos además en una época particularmente complicada para nuestra relación con la imagen. Redes sociales, filtros, estándares imposibles, comparaciones constantes y una industria multimillonaria dedicada a convencernos de que siempre deberíamos parecernos a otra persona.

Con semejante escenario, no resulta extraño que muchas personas se sientan observadas incluso cuando nadie las está observando.

Hace décadas, Susan Sontag escribió sobre la compleja relación emocional que desarrollamos con las fotografías. Lo hizo mucho antes de que las redes sociales transformaran la imagen personal en una especie de escaparate permanente.

Quizá por eso sus reflexiones siguen siendo tan actuales.

La fotografía nunca ha tratado solamente sobre cómo nos vemos. También trata sobre cómo nos sentimos al ser vistos.

Por eso los mejores retratos rara vez ocurren cuando alguien intenta verse perfecto. Al contrario, ocurren cuando deja de intentar verse perfecto. Cuando se relaja. Cuando olvida por un instante que está siendo evaluado. Cuando deja de posar y empieza simplemente a estar presente.

Tal vez por eso algunas fotografías permanecen con nosotros durante años.

No porque muestren una versión idealizada de alguien. Sino porque muestran algo mucho más difícil de conseguir.

Honestidad.

Comprender por qué hay muchas mujeres incómodas en las fotografías termina llevándonos a una pregunta mucho más interesante.

¿Qué relación tenemos con nuestra propia imagen?

Porque la relación que tienes con las fotografías dice muchísimo sobre la relación que tienes contigo mismo.

Y cuando entendemos eso, la conversación deja de tratar sobre cámaras, poses o sonrisas.

Empieza a tratar sobre identidad. Sobre aceptación. Sobre vulnerabilidad.

Y sobre esa extraña capacidad que tienen las fotografías para mostrarnos algo que estuvo frente a nosotros todo el tiempo.

Comprender por qué existen mujeres incómodas en las fotografías nos ayuda a entender mejor nuestra relación con la propia imagen.

Porque la relación que tienes con las fotografías dice muchísimo sobre la relación que tienes contigo mismo.

Y a veces una fotografía no revela quién eres.

A veces revela cómo te has estado mirando.

Publicado por Jorge Javier

Photo, Art, Design, Photographer, Soul and Heart behind my camera

Un comentario en “Por qué Muchas Mujeres se Sienten Incómodas en las Fotografías

Deja un comentario

Descubre más desde Háblame de Fotos

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo